Reutemann y Binner

Desde el punto de vista institucional, en las elecciones de octubre se eligen cargos legislativos; desde el punto de vista del poder, la gran batalla se libra en el 2007, cuando los santafesinos elijan gobernador y definan el signo político y el nombre y apellido de la nueva gestión. Los resultados del 2005 preparan condiciones para el 2007, pero sólo las preparan, porque en ninguna parte está escrito que los posibles derrotados de octubre fatalmente sean los derrotados de 2007.

Las encuestas dicen que el peronismo va a perder estas elecciones. A las encuestas no es obligatorio creerles, pero eso no quiere decir que haya que desestimarlas. Los resultados de una elección son imponderables, pero algunas anticipaciones son posibles, porque alguna lógica existe en los comportamientos del electorado.

Por ejemplo, no es arbitrario vaticinar que los dos partidos más votados serán los del Frente para la Victoria y los del Frente Cívico y Social. Tampoco es arbitrario afirmar que Binner despierta más expectativas que Rossi. Esto no significa una descalificación personal para Rossi, sino una descripción de las proyecciones políticas de cada uno. Una vez más importa recordar que el hecho de que un candidato le gane a otro no significa que sea más bueno o más lindo, significa que obtuvo más votos, nada más y nada menos.

Las ventajas de Binner sobre Rossi son evidentes. El socialista fue dos veces intendente de Rosario y su gestión fue reconocida hasta por sus rivales. En las anteriores elecciones fue el candidato más votado y su nivel de conocimiento personal es alto y positivo. A Binner se lo puede criticar como a cualquiera, pero nadie lo puede acusar de improvisado, deshonesto o irresponsable.

De Rossi, en lo personal, es probable que pueda decirse algo parecido, pero queda claro que es un candidato que nace del «descarte», luego de que Bielsa, Rosatti y también Reutemann, decidieron dar un paso atrás o al costado. Expresado en términos deportivos, Binner es un profesional y Rossi recién está saliendo de la condición de amateur. Esto no quiere decir que no vaya a haber sorpresas, sobre todo cuando se trata del peronismo que arranca en cualquier elección con un piso del 30% de votos. Pero, más allá de los imponderables, convengamos que para esta elección la situación del justicialismo no es cómoda y sus dificultades van más allá de un candidato más o menos conocido.

El peronismo gobierna la provincia desde hace más de veinte años. Su persistencia en el poder se explica por sus propios méritos, pero también por los defectos y vicios de una oposición que hizo lo posible y lo imposible para que el peronismo continúe gobernando. La capacidad del «pejota» para identificarse con el poder es por todos conocida.

De la oposición lo único que se puede decir es que produjo dos candidatos en estos veinte años: Usandizaga y Cavallero, que por un camino o por otro ambos fueron cooptados por el peronismo, lo que demuestra, simultáneamente, la fortaleza del peronismo y la debilidad de la oposición.

Pero en estas elecciones el peronismo no las tiene todas a favor. Puede haber sorpresas, pero daría la impresión de que si la oposición no comete alguna de esas torpezas a la que tiene acostumbrados a sus seguidores, puede ganar los comicios. Con todo, esta probable victoria de octubre no resuelve en términos de poder la cuestión principal. Decíamos que la gran batalla es para el 2007, por lo que una derrota del peronismo en el 2005 posicionaría envidiablemente a la oposición y alarmaría al peronismo.

¿Es tan así? Seamos claros: si el peronismo pierde en octubre el derrotado será Obeid y de alguna manera Kirchner, pero quien saldrá intacto será Reutemann, transformado, una vez más, en el único dirigente capaz de liderar al peronismo. Digamos que la probable derrota del peronismo en octubre salda una diferencia interna y establece, por si a alguien no le ha quedado claro, quién es el que tiene votos en la provincia. Dicho con otras palabras, la derrota del peronismo en octubre tiene un gran ganador: Carlos Alberto Reutemann.

Esto no quiere decir que Reutemann, deliberadamente, haya armado el juego para que le toquen estas cartas ganadoras, pero ya sea por suerte o ya sea porque en realidad el hombre fuerte del peronismo en Santa Fe ha sido y sigue siendo Reutemann, esta derrota perjudicará al peronismo pero no lo perjudica a él, en tanto este resultado reforzaría los lazos de dependencia del peronismo a su liderazgo.

O sea que, para el 2007, la batalla por el poder estará dada entre Reutemann y Binner. Todo esto está sometido, claro está, a alternativas políticas, sociales y hasta personales, pero si se respetaran las reglas de la lógica éste sería el escenario más probable.

Se dice que Reutemann y Binner se parecen porque los dos son hombres de pocas palabras. No comparto ese punto de vista. Que los dos hablen poco es una verdad muy relativa, en tanto dos personas parcas no quiere decir que sean iguales. Yrigoyen y Onganía fueron célebres por sus silencios, pero a nadie se les ocurriría compararlos.

Más allá de las alternativas personales, las diferencias entre Reutemann y Binner no las ven quienes no quieran verlas. En lo privado, mientras Binner militaba en el centro de estudiantes y se preparaba para ejercer la profesión como un médico socialista, Reutemann se ejercitaba en los autódromos y se preparaba para ser un ídolo deportivo; mientras Binner durante los años de la dictadura temía por su libertad y su vida, Reutemann el único temor que lo acogía era el de una falla mecánica en alguna carrera; mientras Binner se educaba en la escuela de Alfredo Palacios y Guillermo Estévez Boero, Reutemann se educaba en la escuela de Ferrari; mientras Binner siempre supo que era socialista y sería socialista, Reutemann habría considerado una cargada de mal gusto que alguien le dijera, veinte años atrás, que sería el principal dirigente peronista de la provincia.

En otro orden de cosas, Binner es progresista y simpatiza con Felipe González, Ricardo Lagos o Tabaré Vázquez. Reutemann es conservador y su filiación cultural está más cerca de Macri o López Murphy, de Aznar o Margaret Thatcher, que de la patria libre, justa y soberana. Sin embargo, el liderazgo de Reutemann es muy funcional al peronismo. El «filósofo de Guadalupe» expresa la alianza entre el peronismo tradicional y esos sectores medios urbanos y rurales que jamás votarían al peronismo, pero que sí están dispuestos a votar a Reutemann.

Esa alianza de clases ha sido la clave de las victorias peronistas y, para el 2007, es probable que sea la mejor carta para ganar la gobernación. Binner dispone de su prestigio, de su hombría de bien, pero así como se sabe que para el 2007 todos los peronistas van a trabajar para la candidatura de Reutemann, lo mismo no se puede decir de los seguidores de Binner. Son cada vez más crecientes los rumores de que no todos los socialistas estarían dispuestos a trabajar para Binner, pero convengamos que ese tema escapa a toda especulación. En tanto los periodistas políticos nos preocupamos por reflexionar sobre la racionalidad y dejamos para los psicoanalistas, psiquiatras y chamanes el análisis sobre la estupidez, la alienación o la simple mezquindad moral.

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