Entrevista a Elisa Carrió

El acto organizado el pasado 2 de julio por los seguidores de Elisa Carrió en las instalaciones de la Sociedad Rural convocó a una verdadera multitud, un hecho algo inusual en los tiempos que corren y, sobre todo, un sábado húmedo y lluvioso. Un público variado, de diferentes edades y condiciones sociales se hizo presente para escuchar a la mujer que, como dijera uno de los participantes de esta suerte de asamblea, es la garantía moral de la república.

Nosotros aprovechamos su visita a Santa Fe para hablar de las cosas que importan en esta nueva etapa de la política argentina.

—Me interesaría saber su definición de la política.

—Siempre digo que hacer política es limpiar el barro sin embarrarse, y, sobre todo, saber decir que no; hay una gran fuerza ética y política en ese no; por eso, los grandes mandatos de la humanidad empiezan con ese no: no matarás, no robarás…

—Perfecto, pero convengamos que el problema de fondo de la política, más allá de las opciones personales, es su financiamiento.

—Es un problema, pero es un problema que tiene solución, solución legal, política y ética. Se trata de respetar reglas mínimas del juego. Sin ir más lejos, nosotros hemos hecho campañas electorales con recursos transparentes y te diría escasos, como fue, por ejemplo, la campaña de 2007, oportunidad en la que sacamos cinco millones de votos. O sea que se puede, hacen falta las leyes adecuadas y las decisiones adecuadas.

—¿Liderazgo político o liderazgo espiritual? ¿Martin Luther King o Winston Churchill?

—Yo creo en la primacía de la política, lo que pasa es que no la separo del ascendiente moral. De todos modos, en mi caso, lo que yo ejerzo es un liderazgo político. No creo que sea necesario insistir en el rol político que me tocó jugar para constituir la coalición de Cambiemos. Y si con tres diputados -por ejemplo- puedo conducir la Cámara y establecer los ejes del debate, ése es un liderazgo político, no moral.

—Pero en todos los casos es un liderazgo personal.

—Es un liderazgo constitucional, porque si yo tengo algún ascendiente es porque desde que di mis primeros pasos políticos en la Convención Constituyente de 1994, siempre fui coherente con mis votos: nunca voté en contra de los pobres, nunca voté en contra de los derechos humanos, nunca voté por la delegación de poderes, nunca voté para avalar algún negociado vidrioso, eso se llama coherencia, que es lo que la gente respeta.

—En su trayectoria, ¿no es posible distinguir una oscilación o un giro desde posiciones de centro izquierda a posiciones de centroderecha?

—Yo puedo sostener posiciones sociales avanzadas, pero básicamente soy una liberal, una liberal como lo fue, por ejemplo, Juan B. Justo, el fundador del Partido Socialista. A mí, no me la van a contar: Yo la conocí a Alicia Moreau de Justo, a Alfredo Bravo y no tiene nada que ver con este llamado socialismo santafesino. Lo que sucede es que las opciones en la Argentina no pasan tanto por las ideologías como por las conductas de las personas; hay que evaluarlas por las conductas.

—La palabra “conducta” era la preferida de Alem, Yrigoyen, Sabattini, Illia…

—Puede ser, pero yo no creo, por ejemplo, en la conducta de Yrigoyen…

—¿Por qué?

—Porque no reconoció a sus hijos.

—Es un acto privado.

—Pero yo soy de las que creen que entre lo público y lo privado no hay diferencias. Sí, creo en la conducta de Marcelo T. de Alvear que fue tan denostado. Alvear fue un hombre de una enorme fortuna que la perdió haciendo política y en la convención de fines de los años treinta sostuvo que en momentos de crisis se deben hacer alianzas con países democráticos.

—Volviendo a su persona; en su partido ¿se puede disentir con Ud.?

—En principio, le recuerdo que yo estoy acostumbrada a ganar y a perder; en mi propio partido he sido derrotada y abandoné la conducción. Y es más, no solo perdí, sino que no me dejaron entrar; yo no pude entrar al bloque, me pusieron vallas. El señor Pablo Javkin me proscribió, me impidió participar de los debates; me sacaron de la conducción del bloque y de la conducción del partido, incluso me apartaron del Instituto Hannah Arendt. Y empecé de cero y hoy tenemos mayoría en el partido, y hoy es un partido democrático abierto a la participación de todos, sin vallas, sin proscripciones.

—Y Javkin.

—Javkin sigue en el partido, ahora de licencia por las responsabilidades que asumió. De todos modos, lo que yo no puedo permitir es que no me dejen entrar en Santa Fe, que no me dejen caminar la provincia.

—¿Cómo se sostiene su relación institucional y política con Macri?

—Se trata de un presidencialismo con coalición parlamentaria; esto significa varias cosas; en principio, respetar el presidencialismo. Cuando diseñé la estrategia la diseñé así, el presidente elige sus ministros para no repetir la experiencia de Brasil o de la Alianza. Ahora bien, yo soy líder de una coalición que llevó a Macri a la presidencia, pero también soy representante del pueblo de la Nación. El presidente debe negociar con el Congreso y allí queda claro que nosotros no somos escribanía de nadie.

—¿Qué diferencias hay con la Alianza?

—Varias. En lo personal, por entonces era más joven, tenía una enorme ilusión y cuando vi tantas traiciones me fui.

—¿Y ahora?

—Ahora me quedo y doy el volantazo, pero me quedo en el auto. Si quieren nombrar a Echegaray yo me opongo, si quieren incluir a funcionarios públicos en la ley de blanqueo, yo me opongo, pero no me voy de Cambiemos.

—¿Cómo se puede asegurar que Cambiemos no repita la experiencia de la Alianza y que Macri no se vaya del poder en un helicóptero, como pretenden los kirchneristas?

—Eso no va a pasar. Primero, porque Macri no es De la Rúa, eso se lo puedo asegurar; por otra parte, los acuerdos que hicimos con Macri, él siempre los ha cumplido. Hay que combatir el juego y cumple; hay que luchar contra el narcotráfico y lo está cumpliendo, hay que mantener la república, y cumple. Macri escucha, razona, es probable que no sea una inteligencia superior, pero razona, algo importantísimo en este país después de las que pasamos.

—¿Y la cuestión económica?

—Ya es maravilloso no haber pagado esta crisis con hiperinflación después de que se robaron un país; es maravilloso tener reservas en el Banco Central; es maravilloso no ser Brasil o Venezuela. Es verdad, es una transición inevitablemente dura después de asumir con una nación vaciada.

—Pero los argentinos, a diferencia de 1989 ó 2001 no vivieron un estallido, motivo por el cual algunos suponen que todos los males empezaron con Macri.

—Cuando vos te dejás robar por varios años no podés pretender que todo se arregle de la noche a la mañana; cuando vos aplaudiste a los ladrones durante demasiados años, no tenés mucho derecho a quejarte porque pasés un año con ciertas privaciones.

—¿Y lo entenderá la sociedad argentina?

—Si no lo entiende, es Venezuela; si regresa el populismo retrocedemos a Venezuela.

—¿Cómo está el tema de la corrupción?

—Nosotros estamos desde hace doce años en esto. Hay que actuar coordinadamente, la causa madre es la de 2008 y no hay que abusar de hacer más causas porque se corre el peligro de hacerle juego a las nulidades. Lo digo con la autoridad que me da haber denunciado esto desde el principio. No tengo nada personal contra Cristina, pero quiero un proceso justo para todos, con condenas y devolución del dinero.

—¿Y el narcotráfico?

—Ése es mi objetivo de hoy; enfrentarlo en la provincia de Buenos Aires. Estamos llegando a Aníbal Fernández ya no sólo por narcotráfico sino por asesinatos; también estamos llegando a Scioli por lavado de dinero, investigamos el escándalo del puerto de Rosario donde el socialismo es algo responsable, sobre todo en el caso del señor Bonfatti.

—Usted no tendrá nada personal contra Cristina, pero admita que sería aleccionador que sea juzgada.

—Ya llegará, pero el centro de la corrupción está en De Vido y Aníbal Fernández. Lo que debe desaparecer es el sistema corrupto.

—¿Será candidata?

—Puedo seguir haciendo política, pero no me muero por ser candidata; sí, me importa acompañar esta experiencia política y acompañar a nuestro espacio.

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