¿Macri o Cristina?

Correspondería preguntarse si lo que algunos analistas políticos califican como “polarización” entre el gobierno nacional y el kirchnerismo es el producto de una fría y deliberada especulación electoral, algo así como una estrategia en que el cálculo oportunista se confunde con la picardía criolla. Peronistas no kirchneristas se quejan amargamente de lo que evalúan como una maniobra inescrupulosa del macrismo consistente en instalar una antinomia que no se corresponde con la realidad. Periodistas y politólogos pueden admitir la “inteligencia” del oficialismo, pero estiman que carece de soportes reales y sólo apunta a obtener beneficios electorales. En todos los casos, los reproches se orientan en la misma dirección: la polarización no es real y el gobierno la realiza para favorecerse.

¿Es así? ¿Estamos ante una antinomia artificial o minoritaria o ante un golpe de efecto publicitario promocionado por un gobierno electoralmente inescrupuloso? Veamos. En principio, desde el punto de vista del más estricto realismo político, es legítimo elegir al adversario y el terreno donde se va a librar esa lucha. Una elección es una competencia y a los participantes les asiste el derecho, en el marco de las reglas de juego establecidas, a ocupar -lo que se dice- el centro del ring.

En realidad, todos los partidos políticos lo hacen. Lo que diferencia a unos de otros, es el éxito de la empresa. Y al respecto conviene señalar que esta maniobra se manifiesta en dos tiempos: quien la propone y quien la acepta, que es en definitiva el que decide, porque de lo que se trata es que la sociedad, los votantes, estén de acuerdo, crean o consientan que ésa es la polarización correcta, que en el acto de votar se decide por esto o por aquello, a favor de una propuesta y en contra de la otra.

O, para no ser tan “conflictivo”, diría que se decide acerca de quién está en condiciones de hacer lo mejor para el país, pero esa decisión en democracia obliga a elegir entre diferentes opciones, opciones que antes, durante o después se terminan polarizando. Gana la elección el que logra polarizar correctamente y presentarse ante los electores como el candidato que está en mejores condiciones para hacer lo que se debe hacer.

Con relación a la alternativa “Macri o Cristina”, habría que decir que esa antinomia fue planteada en primer lugar por el kirchnerismo. Y fue planteada en esos términos al día siguiente de que Macri ganó las elecciones. Se insistió con ella en las febril y delirante jornada del traspaso del mando y hasta el día de hoy el kirchnerismo continúa planteando esta contradicción en términos absolutos, con operativo “helicóptero” incluido.

O sea que lo que Macri ha hecho fue aceptar esa apuesta con la convicción íntima de que jugar en esas condiciones le conviene. ¿Está mal? Maquiavelo, Mosca, Pareto y Weber lo hubieran felicitado; pero también merecería las felicitaciones de cualquier jugador en circunstancias parecidas. Repito: saber elegir el adversario y llevar esa opción hasta las últimas consecuencias es un signo de sabiduría política.

La objeción a hacer, es si esta antinomia es políticamente real en Argentina 2017 o se la está forzando aprovechando los recursos del poder. Convengamos que las opciones políticas se “crean”, pero para que sean efectivas deben contar con un terreno favorable. Si Macri pretendiera polarizar contra Altamira o contra Biondini, sus asesores seguramente le dirían que no pierda el tiempo, porque la gente no lo va a acompañar en esa partida por la sencilla razón de que consideran que ni Altamira ni Biondini son alternativas de poder o peligros actuales para la sociedad. Algo parecido ocurriría si intentara polarizar con Massa o Stolbizer. Seguramente en estos casos, en el campo intelectual habría algunos debates interesantes, pero para la mayoría de la sociedad la opción Massa o Macri no generaría antagonismos electoralmente fructíferos.

¿Y lo es con Cristina? Creo que sí. Creo que Macri y Cristina encarnan las opciones reales que hoy se deben debatir en la Argentina. El kirchnerismo no es un fantasma o un animal en extinción. Esta vivo, actúa y pretende el poder. Que a algunos no nos guste o que nos resulte desagradable o que carezca de futuro no quiere decir que hoy no exista.

No es un grupo minoritario dentro del peronismo, por el contrario, y hasta que alguien demuestre lo contrario, es su expresión mayoritaria. No soy devoto de las encuestas, pero Cristina sigue siendo la candidata peronista que suma más adhesiones. Massa o Randazzo podrán ser muchachos muy simpáticos, pero el peronismo real, es decir con chances de poder y, sobre todo, con capacidad de abrir una agenda de debates interesante, es el kirchnerismo. Y esto será así hasta que alguien del peronismo demuestre lo contrario, demostración que hasta la fecha -y en política la cuestión de los tiempos es decisiva- no se ha realizado.

En términos ideales es probable que haya opciones opositoras mejores al cristinismo. Seguramente al Partido Obrero le interesaría que se debata la alternativa socialismo o capitalismo. Y a Biondini, fascismo o liberalismo apátrida. Pero me temo que no todos los argentinos tengan ganas de enredarse en esos debates. Es posible que la opción “del medio” que plantea Massa en algún momento sea viable. A Massa le encantaría que fuera hoy, pero todo parece indicar que su tiempo aún no ha llegado o, tal vez, ya pasó.

El peronismo es el partido opositor al gobierno, pero esa oposición se expresa a través del kirchnerismo, con sus matices, con las resistencias que le ofrece la realidad, con los sinsabores que le proporcionan los diferentes escándalos de corrupción que le estallan en las manos, pero en todas las circunstancias resulta evidente que el kirchnerismo es la opción mayoritaria del peronismo. Es más, me atrevería a postular que es mayoritaria porque es la que mejor expresa en términos prácticos lo que hoy es el peronismo. O la oposición que el peronismo real hace o desea hacer.

Reitero: a Macri no sólo le asiste el derecho a polarizar como considere más conveniente, sino que en el caso que nos ocupa, y más allá de las siglas partidarias, es la polarización más real, la que hoy mejor expresa qué Argentina queremos.

¿Democracia deliberativa o democracia decisionista? ¿Acatamiento a la ley o acatamiento al líder? ¿Concentración de poder o división de poderes? ¿Antagonismo o búsqueda de consensos? ¿Globalización o aislamiento? ¿Ciudadanía política y social o asistencialismo? ¿Libertad de prensa o prensa oficialista?¿Derechos humanos para todos o derechos humanos para los “buenos”? ¿Estado de derecho o Estado populista? ¿Economía libre o economía dirigida? ¿Derecho de huelga o huelga permanente? ¿Libertad de tránsito o libertad para el piquete diario?

Los temas de esta semana se incluyen en la opción Macri o Cristina. La violación y muerte de Micaela y el debate sobre garantías o garantismo. El linchamiento del hincha de Belgrano y las barras bravas, la violencia criminal en los estadios y la complicidad de políticos, sindicalistas y dirigentes deportivos. Las movilizaciones en Venezuela y la muerte y la cárcel a los opositores también pone en juego la opción Cristina o Macri. O para no personalizar tanto: la opción de quienes un “tincazo” en la oreja a un maestro de Baradel los habilita a hablar de represión salvaje, mientras que los crímenes promovidos por los escuadrones de la muerte de Maduro, no les inspira la más mínima crítica.

Cristina o Macri. ¿Siempre será así? Creo que no y espero que no. Pero eso dependerá de múltiples factores, pero sobre todo le corresponderá al peronismo decidir al respecto. Por lo pronto, a Macri no le queda otra opción que aceptar lo que tiene al frente. ¿Es lo que le conviene? Nadie le puede reprochar a un político elegir lo que le conviene. Pero además, si el kirchnerismo es la opción real del peronismo, la culpa no la tiene Macri. Ya se lo acusó de ser millonario, de gobernar para los millonarios, de ser corrupto, de promover represiones salvajes, de aspirar a que el pueblo se muera de hambre. A ese rosario de maldiciones no le sumemos, además, la responsabilidad de la existencia del kirchnerismo.

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