El juez del patíbulo

La película se tituló “El juez del patíbulo” o “El juez de la horca”. La dirige el gran John Huston y trabajan  Paul Newman, Jacqueline Bisset, Anthony Perkins y Ava Gardner, entre otros. El guión es del controvertido y talentoso John Milius. Fue filmada en 1972. Roy Bean es un pistolero y maleante que en una región del Lejano Oeste, después de atravesar por duras peripecias, se declara a punta de pistola juez de un poblado que en sus inicios es apenas un caserío con una taberna. Bean se emborracha, timbea, hace trampa, mata y aplica la justicia según su propio criterio. Ninguna manifestación afectiva vulnera a este pistolero, salvo su amor incondicional  por una actriz que no vio ni conoce que responde al nombre de Lilly Langtry. Con el paso de los años el caserío se transforma en pueblo y el pueblo en ciudad dirigida por empresarios petroleros. El final de esta saga concluye con un Roy Bean que regresa al pueblo devenido en ciudad, ejecuta a sus autoridades pero él muere en medio de la balasera y el incendio no sin antes confesar en voz alta su reiterado y eterno amor por mis Lilly.  Roy Bean puede ser un canalla, un delincuente, un pistolero sin escrúpulos, pero hay un detalle que lo salva, un detalle que bien pensado salva a cualquier hombre: su amor por mis Lilly Langtry. Bean a lo único que es leal es al amor que siente por esa mujer famosa a la que no conoce y no verá nunca. Me detengo en la última escena. La ciudad después de la muerte de Roy Bean se ha reducido a un pueblito muy pequeño. A ese caserío llega en un tren privado mis Lilly interpretada por una fantástica Ava Gardner. Lilly Langtry es una actriz famosa que ahora está en este pueblo polvoriento porque sus agentes de prensa le han contado la historia de ese juez que murió confesando a los gritos su amor por ella. Lilly baja del tren vestida de blanco. Es una reina. Un viejo asistente del juez le entrega una carta que él le ha dejado a ella. Lilly lee esa carta y los espectadores escuchamos la voz algo ronca del juez    

 

Mi queridísima Lilly: Tomo la pluma para escribirle porque quiero decirle que aunque nunca la he visto ni he conocido el sonido de su voz siempre la he llevado conmigo en el corazón. Su presencia en esta tierra me ha dado fuerza y dignidad para convertirme en un caballero y me ha ayudado a aguantar el frío en las largas y solitarias noches de invierno. Deseo decirle que ha sido un honor enamorarme de usted. Quiera Dios que en esta vida o en la otra pueda presentarme ante usted y declararle mi amor. Su ardiente admirador por los tiempos de los tiempos. Juez Roy Bean.

 

La última mirada de Ava Gardner leyendo la carta es uno de los grandes moentos de esta película. Es la mirada y la sonrisa de una mujer que, como toda mujer, no puede permanecer indiferente ante la declaración de amor de un hombre que ha hecho de su vida un infierno pero mantuvo intacta su capacidad de amar a una mujer.

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