Desayuno

La mañana del jueves se despertó temprano y habló por teléfono con ella. Fue una conversación breve, apenas para ponerse de acuerdo sobre la hora de llegada de ella a la ciudad y algunos detalles prácticos acerca de lo que harían esa noche. Esta vez no dijeron que se extrañaban porque luego de quince días de separación, esa palabra –extrañaban-la habían repetido hasta el cansancio y su pronunciación en lugar de atenuar la sensación de distancia parecía hacerla más intensa.

Se levantó de la cama, abrió la ventana del dormitorio y se quedó un rato mirando el cielo cubierto de nubes; amanecía y desde la ventana la ciudad parecía estar envuelta por esa bruma que parecía llegar del río o desde el fondo de la noche; más allá de la ventana de la cerca de ligustros, se alcanzaba a distinguir la sombra de la copa de los árboles de la plaza. Mientras el agua para el café se calentaba en la cocina fue al baño y se dio una ducha tibia. Después puso un cidi de Edith Piaf, “El amante de Saint Jean” lo había descubierto con ella y escucharlo era una manera de sentirla cerca.

La ceremonia del desayuno la cumplió como todas las mañanas. Puso dos cucharaditas de café en el pocillo, le agregó un poco de agua caliente, batió y después agregó agua.  Cortó tres o cuatro rebanadas de pan y la puso en la tostadera.  Vivir ese momento le encantaba. El café caliente y amargo, la tostada crocante con manteca y el diario de la mañana con las noticias del día, mientras desde la ventana llegaban los primeros cantos de los pájaros. No necesitó morder la tostada untada con manteca para que el recuerdo de ella se hiciera presente con la luz vacilante que se instalaba en la cocina, aunque ahora cree recordar que cuando la vio no era de mañana sino de tarde y él estaba no en el cocina sino en el escritorio en el momento exacto en que la vio pasar caminando por la vereda  y a modo de saludo ella le hizo una seña que bien podía ser una sonrisa o tal vez un beso, pero esto último es muy probable que haya sido una ilusión óptica, aunque para ser mas preciso con el recuerdo, habría que decir que efectivamente él estaba en el escritorio  tomando un café o algo parecido y leyendo una novela que seguramente era de Kafka, aunque tampoco está del todo seguro de que así haya sido. Mejor dicho, que esos hayan sido los detalles centrales de la escena, por lo que de lo único que podía estar seguro es que esa tarde estaba en el escritorio tomando algo caliente y cuando ella pasó caminando frente a su ventana él masticaba una tostada muy parecida a la que ahora estaba masticando- un rato antes de las ocho de la mañana en la cocina de su casa.

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