Borges y Everness

Jorge Luis Borges publicó este soneto en 1964 en el libro «El otro, el mismo». ¿Poema religioso o filosófico? No hay una respuesta exclusiva, porque las construcciones poéticas de Borges suelen resistirse a esas exigencias. Por lo tanto me tomo l licencia de sumarme a los que estiman que Everness es un poema de amor. Y de amor desdichado, como le «gustaba» a Borges. 
De todos modos y más allá de las calificaciones siempre opinables, lo que está fuera de discusión es que se trata de un poema formidable que los críticos siguen analizado y ponderando sus sorprendentes logros. En primer lugar, el título. Aún los «borgeanos» más ortodoxos no se ha puesto de acuerdo sobre su significado. Según el propio Borges, Everness es una palabra que pertenece al siglo XVII y expresa lo opuesto a Neverness. Everness: SIEMPRE y de alguna manera ETERNIDAD. Mientras que Neverness sería  la otra cara de la moneda: NUNCA y por esa línea, INFIERNO.
El soneto consta, como prescribe el género, de catorce versos endecasílabos. Y la rima. Borges siempre renegó de los poemas rimados porque consideraba que forzaban al poeta a coincidencias verbales reñidas con la poesía. «En esa vila vive un duque que es una maravilla», se burlaba de un adefesio escrito por el pobre Ricardo Rojas. Para evitar la agonía en ese charco se propuso rimar las palabras con ideas, imágenes, símbolos. En Everness podemos apreciar ese «juego» creativo: Memoria con Escoria; Olvido con Sido; Espejo con Reflejo; Universo con Diverso; Paso con Ocaso. En todos estos ejemplos, las rimas no son casuales ni fortuitas. 
Después, el tema del Olvido, una de las obsesiones de Borges presente en poemas y relatos. El olvido o la imposibilidad del olvido. Y las disquisiciones acerca de Dios, la eternidad, el libre albedrío y los inevitables e inquietantes espejos. 
¿Y el amor?  En la segunda estrofa y expresado con una belleza que conmueve:  «Ya todo está. Los miles de reflejos/ que entre los dos crepúsculos del día/ tu rostro fue dejando en los espejos/ y los que irá dejando todavía». 
 
 
 
 
Everness

Sólo una cosa no hay. Es el olvido.
Dios, que salva el metal, salva la escoria
y cifra en Su profética memoria
las lunas que serán y las que han sido.

Ya todo está. Los miles de reflejos
que entre los dos crepúsculos del día
tu rostro fue dejando en los espejos
y los que irá dejando todavía.

Y todo es una parte del diverso
cristal de esa memoria, el universo;
no tienen fin sus arduos corredores

y las puertas se cierran a tu paso;
sólo del otro lado del ocaso
verás los Arquetipos y Esplendores.

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